No.
Debe ser que son las 2:17 de la mañana y ni he empezado con el Seminario…
…o quizá es que me duele tanto la cabeza que tampoco sé por dónde empezar.
Pero si nos decidiéramos a elaborar el argumento con una metáfora conceptual,
podríamos situar el título en un “te he hecho daño”.
¿Evidencias? Las evidencias se construyen sobre unos zapatos azules con cordones rojos,
sobre puestas de sol de color verde, sobre arco iris de matices grises.
Las evidencias son incombustibles, inefables, inútiles y cualquier otro <<in>>,
en general, que pueda quitarme la razón.
No tengo la solución, ni siquiera la psicofarmacología la tiene. No tengo una pastilla mágica, aunque la busque sin parar en el medimécum.
Ni ansiolíticos, ni antidepresivos -que lo curan todotodoytodo- ni antipsicóticos sirven ya.
No tengo la terapia adecuada.
Le he preguntado a Paco, a ver si con la hipnosis podíamos hacer algo.
También eché mano de Ellis y Beck, que últimamente van juntos para todo, pero tampoco conseguían articularme el discurso definitivo que destruyera mis/tus creencias iraccionales del todo.
Pero el problema de base, el problema de base sigue siendo el mismo. O mejor, los problemas de base siguen siendo los mismos.
¿Será que el salvavidas no es más que, al fin y al cabo, un lastre? ¿El recuerdo de un pasado en el que todo fue mejor? ¿El teatro de nuestra vida en el que había demasiados títeres del S. XIX y un sólo titiritero?
Yo creía en algo, ¿dónde se fue eso? Yo confiaba en algo, ¿en qué quedó?
En fin, mis garantías son un “lo siento”, un “te llevo aquí dentro” y un “¿y ahora, qué?”
Destruye mi reserva, una vez más.




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