Acerca de la deshumanización de los aeropuertos

 

¿Qué define al ser humano? Amén de reflexiones biológicas, re-comprobadas en los laboratorios, lo que nos hace humanos es la emoción, su expresión, compartir y comunicar en un lenguaje cargado de sentido. Eliminar, pues, de humanidad los espacios construidos por y para seres humanos contribuye a una homogeneización del paisaje que nos convierte en los hombres grises de los que Momo huía. Reconozcámoslo: bajo las medidas de ‘prevención’ ahora los aeropuertos se han deshumanizado.

En Granada, tienes que despedirte antes de pasar cualquier tipo de control. Tras pasar el control, acabas en una sala de espera 45 minutos mientras se prepara el avión. 45 minutos en los que estás sólo porque elqueteacompañaba se ha quedado al otro lado de la cinta de seguridad.

En el Mariscal Sucre, de Quito, la realidad es más brutal si cabe. La entrada al aeropuerto y la entrada a la facturación y al desnudo preventivo antiterrorista están separadas por una única columna. Eso implica que cualquier despedida se realiza dos horas antes de embarcar.

En Barcelona, el viajero en tránsito tiene por toda compañía una gran cantidad de opciones para ‘ir de compras’. Si sales de la terminal, estás bajo tu propio riesgo de que cuando consigas pasar todos los controles para entrar, sea demasiado tarde.

***

Hace unos días me encontraba en uno de esos garitos en los que los autoresquecomponencancionesdedes|amorque comunican con el público, cuando apareció Beatriz. Bea, una antigua compañera de la Facultad me saludó y comenzó a hablarme de la deshumanización de los aeropuertos.

Bea me contaba que había aprovechado una de esas becas ‘excelentes’ de la Universidad para viajar a Brasil y allí, por supuesto, había conocido a un brasileiro del que había quedado prendada. Y digo por supuesto porque Bea era, sobre todo, enamoradiza. Cuando la experiencia acabó, el brasileiro la acompañó a la Terminal Jose García de Villadiego. La terminal aeroportuaria es una de las ‘ciudades genéricas’ de Koolhaas, la misma entrada del aeropuesto es la antesala del control antiterrorista y de la facturación de recuerdos empacados. Así que Bea desnudó el alma allí mismo y los dos se despidieron, entre lágrimas, con la promesa de no dejar pasar más de 31 días sin verse. Un poco después, Beatriz se desnuda literalmente para el chequeo oportuno antes de ingresar en el avión. Después del chequeo todavía estuvo dos horas mirando a la nada mientras el avión -retrasado- llegaba. 2 horas allí sola previas a un viaje de más de 15 horas de vuelta.

Es 18 de Marzo y ha pasado cerca de un año desde que Beatriz volvió a Granada. Todavía escucha pasillos de Jose Antonio Velasco en su portacedés, mientras ve el atardecer desde su loft granadino. Ésta no es una de las historias del Serrano, ellos no volvieron a verse.

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~ por rotero en marzo 24, 2011.

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